Posteado por: maganto | 13 agosto, 2011

El modelo de vestido masculino (I)

Como ya hemos esbozado algunas cuestiones primordiales sobre el momento histórico en el que se fija el modelo de vestido femenino y cuándo se fecha el primer documento gráfico -1749-, ahora es el momento de presentar algunos datos sobre el modelo de vestido masculino. Utilizaré diversas imágenes para guiarnos en su periodización, que me servirán además para introducir nuevos vocablos referidos a prendas casi olvidadas en la indumentaria tradicional segoviana, y de las que apenas quedan piezas testigo.  Gracias a la réplica, y de la mano de Pablo Zamarrón y Carmen Infante -folkloristas con nombre propio vinculados a la localidad de Campo de Cuéllar-,  la montera y el coleto han cobrado vida, y ambos participan de las dianas y pasacalles, romerías, procesiones, toques y otras celebraciones como bodas y bautizos… Gracias a los dos, por hacer del pasado una manera de vivir el presente y el futuro.

El modelo de vestido masculino

Arriero segoviano 1801, Antonio Rodríguez. Colección de trajes que en la actualidad se usan en España. Principiada de 1801

Por el momento, y hasta donde han avanzado mis investigaciones, el primer documento histórico gráfico que muestra el modelo de vestido masculino de la indumentaria tradicional segoviana, se fecha 50 años más tarde que el primer documento gráfico femenino. La estampa titulada Arriero de Segovia, y que forma parte de la obra Colección de los trajes que en la actualidad se usan en España. Principiada de 1801, del autor Antonio Rodríguez, muestra un conjunto de prendas formado por una montera de paño que cubre la cabeza, un jubón y un calzón de paño para cubrir el cuerpo, un coleto de piel sobre el jubón, un cinto y unas polainas de cuero que cubren desde las rodillas hasta el tobillo.

Esta particular combinación de prendas que pervive entre los grupos populares a finales del siglo XVIII, nos remite a distintos periodos de la moda occidental europea.  A modo de ejemplo, la voz montera se documenta ya en 1490 refiriéndose a una prenda de abrigo para la cabeza usada por ambos sexos, pero en 1726 se recoge en el Diccionario de Autoridades como “cobertura de cabeza, con un casquete redondo, cortado en cuatro cascos para poderlos unir y coser más fácilmente, con una vuelta o caída alrededor, para cubrir la frente y las orejas”. Carmen Bernis, al describir el traje de los villanos -entendido como subgrupo social enmarcado entre los grupos populares- en su obra El traje y los tipos sociales en el Quijote, cita “camisas, jubones, calzones, capas, polainas, abarcas, además de monteras y sombreros”.

Diseminada por toda la geografía española, la montera presenta una variada tipología -de paño, de terciopelo, forradas de piel…- y es usada a diario por los grupos populares durante varios siglos hasta la segunda mitad del siglo XIX, caracterizando a oficios vinculados con el comercio, como los arrieros, y con los pastores. Sin embargo, en estas décadas centrales del siglo XIX, ya se localizan textos que explican su uso femenino, ritual y festivo-religioso, en fiestas como la de Santa Águeda. ¿Cuándo se pierde por tanto el uso de la montera como prenda cotidiana tanto en su versión masculina como femenina? En 1820, y gracias a autores como Somorrostro, encontramos textos como este, en el que se describe el atavío masculino, en el que perviven la montera y el coleto, tal y como nos muestra el documento gráfico de 1801.  “El traje es muy sencillo, y está demostrando su ancianidad:  unas abarcas en los pies, hechas de la piel de un buey y otros animales, liadas con correas delgadas de los mismos pellejos; calzas, bragas, jubón de paño grueso, coleto de cuero, y el sayo o anguarina antigua, con una montera sencilla en la cabeza, es el trage de hombres”.

La montera masculina en Segovia

Pablo Zamarrón ataviado con réplicas: montera, coleto y camisa bordada

Las referencias gráficas sobre su tipología y uso en Segovia son aún escasas, pero puedo constatar su cita en documentos escritos como protocolos notariales del siglo XVIII y en otros como el Libro de Caja de Fernando Gil Sancho, un herrero nacido en la localidad de Carbonero el Mayor en 1726 -coincidiendo con la fecha de edición de el Diccionario de Autoridades-. El contenido de este interesante libro de anotaciones diversas, que ocupa el tema central de la obra La vida cotidiana en la Segovia Rural (1750-1925)  de la autora Cristina Vega, recoge datos sobre las cartas dotales de sus tres hijos, Josep, María y Fernando. De hecho en este libro, participé con la redacción del Anexo III, Nuevas aportaciones al estudio social e histórico de la indumentaria tradicional.

En estos documentos, escritos con motivo del casamiento para enumerar, contabilizar y valorar lo aportado al matrimonio por cada uno de los novios, se citan monteras, monteras de terciopelo, y monteras de novio y de novia, respectivamente. En la carta dotal de Fernando -1775, la más tardía-, se cita expresamente “vistas del novio” -o conjunto de prendas usadas para dicha celebración de esta unión-, donde se agrupan: “una capa de paño, anguarina, calzas y bragas, una montera, un par de zapatos, seis camisas, un coleto, un jubón y un justillo”.

Como pieza testigo, hasta el momento sólo he localicado un ejemplar a través de Pablo Zamarrón, que pertenece a la colección particular de Nacho Davía. La fotografía de esta montera, de terciopelo liso con dos puntas, decorada con galones metálicos en el frente, y con bordaduras y  botones en los laterales -muy similar a la disposición del modelo femenino festivo-, se publicó en la obra Indumentaria Tradicional Segoviana, Caja Segovia 2000.

Para ilustrar la sustitución de la montera por el sombrero de ala ancha, puedo citar un ejemplo gráfico perteneciente a la colección particular de Dominica Contreras, Marquesa de Lozoya, y que fotografié en el año 2000.  Es una estampa en la que aparece un solo personaje ataviado con las mismas prendas descritas en los ejemplos anteriores, mantenidendo la pose del personaje de la estampa de 1801, y  manteniendo a su vez, la vara propia de los arrieros y los pastores. La Fijación y Anquilosamiento del modelo de vestido se manifiesta en el uso de el jubón, el coleto, el calzón y las abarcas; una lenta evolución, se observa ya en el sombrero de terciopelo con cono truncado, como una forma de “enriquecer” el atavío. Una única inscripción, “A Segovie”, no me sirvió para fechar la estampa; sin embargo, dos años despues,  en el año 2003, localicé un ejemplar idéntico en París, dentro de una colección de estampas alemana, fechada en torno a 1860.

Estampa "A Segovie". Colección particular de Dominica Contreras, Marquesa de Lozoya. Fotografía: Esther Maganto, 2000.

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