Posteado por: maganto | 26 noviembre, 2011

Mi visita al Museo del Paloteo de San Pedro de Gaíllos

Algunos de los "gorros" expuestos en la vitrina dedicada a la vida cotidiana e indumentaria infantil

El pasado domingo visité de la mano de Arancha Rodrigo, una de las Responsables del Centro de Interpretación de Folklore de San Pedro de Gaíllos, el Museo del Paloteo, que tiene su sede en el mismo edificio. Esta iniciativa, que acaba de cumplir tres años en funcionamiento ha significado todo un revulsivo para las gentes de la localidad, que han participado tanto donando y cediendo prendas y piezas testigo para las colecciones fijas y las temporales, como aportando sus saberes adquiridos a través de la tradición oral -distintos cantos, además de las rutinas coreográficas de las danzas de palos-. Todo un esfuerzo colectivo para mostrar “a los otros” -forasteros y visitantes- parte de su identidad común, vivida en las calles y plazas del pueblo de acuerdo al calendario festivo-religioso.

En la entrada de hoy, no quiero desvelar todo lo que aglutina el Museo del Paloteo, puesto que bien merece una visita. Sólo daré algunas pistas que motiven a los lectores de este blog a desplazarse hasta San Pedro de Gaíllos -a medio camino entre Pedraza y Sepúlveda-, puesto que el Museo y el Centro, aunque forman partre del entramado de museos de caracter etnográfico repartidos por la provincia de Segovia, comparten la peculiaridad de ser una iniciativa única y distintiva. Por un lado, el desarrollo de su recorrido,  planteado a partir de una visita que despierta los sentidos del visitante -vista, oído, tacto… y que enlaza con recuerdos y celebraciones-, y por otro, la programación anual de actividades que se organizan en torno a la Cultura Tradicional -exposiciones, ciclos de música, festivales, talleres dirigidos a todas las edades-, han conseguido despertar el interés de miles de personas… Cuenta incluso con una página web en la que se “cuelgan” los distintos números de la Revista Lazos, para que el visitante-internauta pueda disfrutar de sus contenidos.

Jubones y enagüillas

A finales de los años ochenta, en plena adolescencia, conocí al Grupo de Danzas de San Pedro de Gaíllos gracias a Ana Teresa López Pastor, y viví su evolución hasta los últimos años de la década de los noventa; yo formaba parte del Grupo de Danzas Manantial de Segovia y en numerosas ocasiones formé parte del público que vió sus actuaciones en diferentes espacios: la Plaza del Azoguejo, o la misma plaza de San Pedro de Gaíllos. En mis inicios como investigadora de indumentaria, ya advertí la peculiaridad de los jubones vestidos por las integrantes femeninas del grupo:  confeccionados en telas adamascadas de color negro, muchos de ellos presentaban pecheras de diferentes colores -verde, rosa, morado-; sin duda, eran jubones que enlazaban con las hechuras de las últimas décadas decimonónicas, en las que el cuerpo se ajustaba abotonado en la espalda y las mangas adquirían mil y una formas jugando con diferentes anchos y dobles mangas falsas.

Por su parte, el atavío de los danzantes -masculinos- también se desmarcaba del de otras agrupaciones de la provincia. Ellos lucían un conjunto de prendas en el que destacaban -como sigue ocurriendo hoy en día- las enagüillas de telas estampadas con motivos florales y los mantones femeninos sobre la cintura. La investigación sobre el vestuario de los danzantes en la provincia de Segovia, es uno de los grandes temas pendientes en el que sigo trabajando. Además de en San Pedro de Gaíllos, las enagüillas también permanecen en Valleruela de Pedraza, Gallegos y Torre Val de San Pedro, entre otras localidades. No obstante, en algunos pueblos que en la actualidad se identifican con el traje de danzante compuesto de camisa, chaleco y calzones de paño, también se lucieron enagüillas… como en Valverde del Majano, pero eso… es otra historia.

Déjate caer por San Pedro de Gaíllos y disfruta del Centro de Interpretación del Folklore y del Museo del Paloteo… verás cuántas cosas aprendes sobre las danzas de palos en Segovia, España y el mundo. Conviértete en un atento observador y distinguirás antiguas de nuevas monteras, trajes de novia o enagüillas de danzante con sus complementos. ¿Ya sabes lo que eran las “espaldillas”?

Gracias Arancha.

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