Posteado por: maganto | 12 diciembre, 2011

Una faltriquera de Navalmanzano

Faltriquera original de Navalmanzano, restaurada por Milagos Pascual. Colección particular de Milagros Pascual (Segovia). Fotografía: Esther Maganto, noviembre 2011.

La faltriquera o faldriquera, puesto que en Segovia admite ambas voces, es uno de los complementos del vestido femenino que más tipologías presenta:  son innumerables las prendas testigo que he inventariado tras localizarlas en la ciudad o en la provincia, y sigo trabajando en cómo se diseminan los distintos modelos a lo largo y ancho de nuestra geografía. La variedad de materiales empleados -terciopelos, paños, lanas y piel curtida como base…- junto a las diferentes aberturas -verticales y horizontales en su mayoría-, así como las decoraciones y guarniciones -a base de bordados, picados…- hacen que esta funcional prenda, usada en sus orígenes para guardar horquillas, monedas, pañuelos…-, adquiera en la actualidad el rango de prenda también estética: en las últimas dos décadas la faltriquera ha pasado de guardarse bajo las aberturas de los manteos o de las sayas a lucirse exteriormente, bajo el jubón y sobre el manteo, con el fin de mostrar la inmensa riqueza de los motivos bordados o de los picados.

Pero el uso externo de la faltriquera ya puede rastrearse a través de los retratos cortesanos del siglo XVII, confeccionada a juego con jubones y guardapiés, y decorada con guarniciones de pasamanería metálica. En la primera década de este siglo, en 1611, la voz faltriquera se recogió en el Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián de Covarrubias: “quafi faldriquera, la bolfa que fe infiere en la falda del fayo“, y su uso se ha mantenido a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX. Si bien, en el siglo XIX y en el XX ha pervivido “guardada” bajo distintas prendas, en la actualidad se recuperan diseños para mostrarse exteriormente, aunque entre las mujeres que las usan surge una interesante duda: ¿dónde debe colocarse, a la derecha o a la izquierda? Tal y como he constatado en las pinturas cortesanas de siglo XVII, la prenda se colocaba a la izquierda, pero en mis conversaciones con varias informantes he podido escuchar sendas respuestas.

Milagros Pascual: restauración con lanas

Hace años, a Milagros Pascual -artesana de monteras femeninas desde hace dos décadas-, le regaló un familiar esta faltriquera, originaria de Navalmanzano y confeccionada en terciopelo bordado con lanas de intensos colores. El trabajo de restauración que requería le llevó a buscar minuciosamente los colores de las lanas para que los rosas y verdes, además del tabaco y del amarillo volvieran a ocupar sus respectivos lugares. Sus manos, siempre certeras en las puntadas, repitieron los restos de los motivos dibujados y dispersos por el terciopelo, cuidando la inclusión del cordoncillo presente en los ramos; mantuvo también las iniciales bordadas en el centro, aunque sobre la F bordó una S y no la G inicial para adaptarla al nombre de sus hijas.  Bordeó la faltriquera con un bies de algodón en color verde, e hizo lo mismo en la abertura y la parte superior, empleando una trencilla negra. Por último, sustituyó el lienzo original interno y posterior por uno nuevo, y la dejó lista para ser usada en distintos momentos del año.

En este modelo, y frente a los que presentan motivos bordados a base de punto de cruz, es curioso observar cómo con sólo tres motivos florales se cubre simétricamente la superficie frontal de la faltriquera: dos de ellos se repiten en la parte superior e inferior, y en el centro se ubica el motivo distintivo, tanto en la forma como en los colores. La abertura marca el centro de la prenda, y a partir de ella los motivos serpentean a su alrededor enfrentados, tal y como ocurre en otras labores usadas en la indumentaria tradicional como los encajes.

Faltriqueras además de Monteras y Capotas

A lo largo de dos décadas, Milagros Pascual se ha convertido en la artesana segoviana por excelencia de monteras femeninas. Preocupada siempre por la localización de prendas testigo y de documentación al respecto, ha logrado reunir una importante cantidad de fotografías sobre diversos modelos que ha hecho realidad a base de un intenso trabajo: cada mes de febrero, sus piezas cubren las cabezas de un número nada desdeñable de alcaldesas, y el trabajo se prolonga durante todo el año avanzando siempre en nuevos motivos, materiales y guarniciones. De todo ello, hablaré en próximas entradas, puesto que febrero está al llegar, y una montera puede ser el regalo perfecto de estas navidades para quienes van a ostentar el cargo de alcaldesa dentro de dos meses.

Su nuevo trabajo en la confección de capotas, gorros infantiles para cristianar, abre una nueva vía de investigación para una prenda, que como ya he dicho en otras entradas, apenas está mencionada en la bibliografía disponible. Las imágenes de estas prendas, así como su historia, las encontraréis en este blog en un breve espacio de tiempo.

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