Posteado por: maganto | 30 abril, 2012

De curso… en el Museo del Traje

La semana pasada disfruté al máximo con los contenidos impartidos  en el III Curso de Indumentaria Popular celebrado en el Museo del Traje. CIPE, de Madrid.  Esta iniciativa, que ha cumplido su tercera edición, reúne a investigadores de larga trayectoria, a expertos locales, a estudiantes de moda e incluso a representantes de agrupaciones folklóricas que desean recuperar los cortes y las hechuras de las prendas que forman parte de este patrimonio cultural.

En este sentido puedo asegurar que, una vez al año, me gusta reunirme con otros estudiosos para intercambiar opiniones y evaluar y valorar las exposiciones de los expertos participantes, que en esta ocasión han sido seis. Seis aportaciones más que interesantes, a través de las cuales el público ha podido comprobar in situ cómo el manejo de numerosas fuentes documentales (textos escritos e imágenes) permiten a los ponentes seguir un hilo conductor y mostrar su profundo conocimiento: autores, pintores y fotógrafos -entre otros-, denominaciones concretas de prendas y de joyas…

El título de este año, Traje Popular, icono y patrimonio, ha incidido en una idea básica: en el imaginario colectivo de los ciudadanos permanecen ciertas imágenes que han sido construidas a partir de representaciones pictóricas y fotografías, que han podido modificar el significado del uso original de ciertas prendas o de diversos conjuntos. Valga como ejemplo, el caso de la mujer montehermoseña (de Extremadura): frente a la imagen que pervive en nuestras retinas de una mujer tocada con gorra de paja y ataviada con el traje de gala, el investigador Juan Valadés mostró al público asistente cómo el pañuelo que formaba parte del traje de gala y que cubría el moño de picaporte en el siglo XIX, fue sustuido en las primeras décadas del siglo XX, permaneciendo hasta este momento a través de los grupos folklóricos, por una gorra de paja de centeno, utilizada en principio para las labores del campo. Serían el pintor Joaquín Sorrolla en su visita a Montehermoso (primera década del siglo XX), y el fotógrafo Ortiz Echagüe (en la tercera década del siglo XX), quienes pidieran a las mujeres de la localidad que posaran para ellos cubriertas con la gorra y no con el pañuelo. A partir de aquí, esta nueva imagen, fuera de la historia y del significado de la indumentaria de Montehermoso y de la realidad local, se difundió por el extranjero y por toda toda España a a través de distintas publicaciones y formatos llegando al gran público y convirtiéndose en un verdadero icono:  es decir,  en la imagen representativa del lugar y de la mujer de Montehermoso, entendida como “verdadera” y “auténtica”.  Lejos, sin duda, de la realidad, y que se ha repetido sin cesar con otros ejemplos a lo largo y ancho de nuestro territorio.

Seguir aprendiendo debe ser una máxima de todo investigador, y este curso, ha merecido la pena, de verdad.

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