Posteado por: maganto | 11 junio, 2013

(II) De Corpus Christi, en Fuentepelayo

Octava Corpus Fuentepelayo junio 2013 005El jueves 6 de junio la localidad segoviana de Fuentepelayo celebró la Octava del Corpus Christi, ocho días después de la celebración de esta fiesta, según marca el calendario litúrgico. Llegué  antes de comenzar la misa e hice las primeras fotografías a la nueva cuadrilla de danzantes -que ya no mantiene la figura del “zorra”-: todos ellos, que cuentan entre trece y catorce años, han aprendido parte del repertorio de las danzas de palos locales en los últimos seis meses, y han dedicado una hora y media de ensayos diaria el último mes y medio.

Ellos, saben de la responsabilidad que tiene la participación “en la fiesta”, puesto que los actos religiosos y las danzas de palos se mantienen indisolublemente unidas en la celebración de la Octava desde hace cuatro siglos: las danzas de palos suenan en la iglesia la noche anterior a la Octava -durante las Vísperas-, y son las que cierran, en el altar, la misa del día siguiente.  En la Octava, salen los danzantes en pasacalles desde el ayuntamiento hasta la iglesia de Santa María la Mayor, y dan la entrada a ritmo de castañuelas a las autoridades: el alcalde y el juez, con sus respectivos bastones, y los representantes de la Cofradía de la Vera Cruz, identificados por sus varas.

Tras la misa -este año oficiada por más de diez párrocos de distintos Sexmos de la provincia y presidida por Juan Cruz-, tiene lugar la procesión: y ahí da comienzo el verdadero protagonismo de las danzas de palos. Por delante, un recorrido por diversas calles y plazas, donde pueden verse distintos arcos vegetales: en la puerta de la iglesia de Santa María la Mayor, en la Calle Norte, y en la Plaza del Ayuntamiento -desde donde puede verse también decorada con algunas ramas la Casa del Cura-. Y de camino, los danzantes, el dulzainero y el tamboritero, de espaldas, avanzando siempre “de cara” al Santísimo, cubierto bajo palio.  Según el dulzainero y maestro de danzas desde el año 1985, Victoriano Adrados, las jotas castellanas se enlazan sin cesar tras cada una de las seis paradas, dedicadas a las danzas de palos y al Arco. Acompañado por su sobrino, Sergio Adrados -que aprendió desde niño y ha participado en la Octava desde entonces, Victoriano ha entonado en esta ocasión:

  • El paloteo Carlos V
  • El Arco
  • El paloteo La Diana
  • El paloteo La Ventana
  • El paloteo El Clavito
  • El paloteo La Jota

Al terminar la procesión, todos los participantes -vecinos, párrocos, danzantes y músicos-, entran de nuevo en la iglesia, y los danzantes hacen resonar sus castañuelas subiendo “de espaldas” al altar; allí, se arrodillan ante el Santísimo y se despiden hasta el año siguiente. Nadie quiere que se acabe… su fiesta, su procesión… la iglesia repleta de vida huele a flores, a devoción contenida, a danzas de palos y nuevas cuadrillas masculinas que siguen haciendo de la Octava una fecha inolvidable para Fuentepelayo.

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